Neuronas espejo: sólo una parte de la realidad

Desde que Giaccomo Rizzolati descubriera con su equipo de investigación en 1995 las neuronas espejo, no se ha parado de investigar al respecto. Éstas pequeñas células grises han tenido gran aceptación públicamente y se las utiliza para explicar casi cualquier cosa.

En un conocido experimento con monos, se pudo observar que las neuronas espejo se activaban igual, tanto si el animal realizaba la acción, como si la observaba. Los investigadores sacaron la conclusión de que la función de las neuronas espejo se basa en el seguimiento con los pensamientos de la acción que esté desarrollando el otro, para así poder reconocer su intención. Sin embargo, los investigadores actuales no están del todo de acuerdo con esta tesis.

La neuronas espejo todavía no se han investigado completamente. Seguramente, su significado sea el de reconocer las acciones de otros, para poder reaccionar ante ellas lo más rápido posible. Su función sería, por tanto, el activar el correspondiente patrón de movimiento y prepararse para la siguiente acción.

Kai Vogeley del centro de neurología y psiquiatría de la clínica universitaria de Colonia dice, p.ej. que posiblemente las neuronas espejo puedan reconocer determinadas formas de movimiento y reaccionar ante ellas, pero para entenderlas en su contexto social, serán necesarios mecanismos adicionales.

También Claus Lamm, de la Universidad de Wien, se muestra algo reservado con este tema: “Tenemos que tener claro – dice – que las neuronas espejo no nos cuentan la historia completa”.

Pequeñas células, grandes sentimientos: las neuronas espejo

En fracciones de segundo decidimos si alguien nos parece simpático o si nos enamoramos perdidamente de él o ella. Esto es el resultado de vivencias registradas en nuestro inconsciente que desatan sensaciones con mayor velocidad que la razón.

A veces, basta con un pensamiento, con una breve percepción sensorial, para encontrar la solución a un problema que llevamos un año tratando de resolver: un estímulo externo desencadena una imagen interna, provocando lo que denominamos una idea repentina, una intuición o una corazonada.

No sabemos de dónde ha surgido esta idea. Cuando nos preguntan por qué elegimos A y no B respondemos que por intuición.

Una madre es capaz de sentir espontáneamente que su bebé está triste. Los hijos, a su vez, leen cada sentimiento en el rostro de su madre y reaccionan de forma inconsciente reflejando el comportamiento de su madre.

El profesor Joachim Bauer explica así este fenómeno: “La intuición es una resonancia biológica que realizamos de forma inconsciente y descontrolada. Nuestras neuronas espejo provocan esa resonancia”.

El profesor Giacomo Rizzolatti, investigador del cerebro y neurólogo italiano que trabaja en la Universidad de Parma, descubrió las neuronas espejo por casualidad en 1996. Rizzolatti realizó un experimento con monos para medir la actividad cerebral de los homínidos mientras comían nueces: colocó un electrodo en el centro del cerebro del mono para medir la reacción neuronal y se dio cuenta de que una serie de neuronas no sólo reaccionaba cuando los propios monos comían las nueces, sino también cuando observaban a otros monos comiéndolas.

A estas células nerviosas, que reaccionaban tanto ante las propias acciones como ante las ajenas, Rizzolatti las llamó neuronas espejo.

Poco después, también se identificaron estas células en el ser humano. Las neuronas espejo prácticamente replican el comportamiento ajeno, haciendo que uno pueda ponerse en la situación de los demás, es decir, sentir empatía.

Sentimos las emociones de los demás como si fueran propias, lo que crea un vínculo con la otra persona, una sensación de unión y pertenencia. Las neuronas espejo también son un sistema intuitivo de resonancia que contribuye a la socialización del ser humano.

Sin embargo, necesitamos practicar para diferenciar y desarrollar estas competencias intuitivas genéticas. Si no las utilizamos o las utilizamos poco el sistema se va perdiendo, y con ello perdemos nuestras competencias sociales. Al igual que con otros órganos, la norma es: ¡O se usa o se pierde!

La empatía, la intuición, la simpatía, todas estas sensaciones las percibimos de forma espontánea. Entonces ¿por qué es tan frecuente que haya malentendidos? ¿Es posible engañar a nuestra intuición?

Nuestro sistema de resonancia únicamente puede reaccionar ante lo conocido, registrando gestos y señales en base a un patrón conocido. Algunos oradores y comerciantes se aprovechan de esta circunstancia. La amabilidad y la expresividad pueden practicarse hasta prácticamente alcanzar la perfección, lo que hace que el receptor crea en su autenticidad y alcance el estado de ánimo deseado por el orador.

Los políticos avezados utilizan estos recursos para movilizar y manipular a sus seguidores, comportándose en público como si fueran el modelo de comportamiento ideal. Para poder identificar estos falsos sentimientos es necesario poder analizarlos a cámara lenta o tener conocimientos psicológicos específicos.

 

¿Cómo pueden aprovechar padres, profesores y jefes este sistema de resonancia de las neuronas espejo?

“De nada sirve esforzarse en educar a los niños, hagamos lo que hagamos nos van a acabar imitando”. Esta frase cargada de humor se le atribuye al cómico y cabaretista alemán Karl Valentin. 60 años después de la muerte de Valentin, los la investigación cerebral moderna ha demostrado científicamente su teoría.

La psicología del desarrollo afirma que el ser humano pasa por distintos procesos de madurez. Cuando todavía está en el útero, el cerebro comienza a responder ante estímulos externos, imitando y reproduciendo de forma instintiva cada emoción de la madre. Gracias a los métodos modernos de imagen médica, los neurocientíficos son capaces, por primera vez, de observar y demostrar los aspectos morfológicos y estructurales de estos procesos de desarrollo.

Por todo el cuerpo se construyen las denominadas redes neuronales como reflejo de lo experimentado por el feto. Conforme se repiten los estímulos se van construyendo unos patrones de actividad que dejan una huella en la estructura del cerebro.

El desarrollo personal se basa inicialmente en experiencias perceptivas que cada vez se diferencian más entre sí. Primero son la madre y el padre los que, al cuidar al recién nacido, establecen una relación con él contribuyendo a que desarrolle determinados patrones de reacción y respuesta. Posteriormente, conforme el adolescente va estableciendo relaciones con más y más personas, es fácil que surjan conflictos.

El aprendizaje por imitación hace que los patrones de percepción, evaluación y acción se transmitan entre generaciones. Desde el punto de vista neuropsicológico, este proceso de construcción de la identidad se basa en el principio de resonancia de las neuronas espejo.

La buena calidad de las relaciones entre padres e hijos, profesores y alumnos o empleados y jefes sirve por tanto de catalizador para la construcción de nuevas redes neuronales. Nuestra cultura se basa en la capacidad de imitar fácilmente comportamientos modélicos.

Sin embargo, a diferencia de los animales no necesitamos millones de años para adaptarnos a otras condiciones de vida sino que sobrevivimos imitando, generación tras generación, los comportamientos más valiosos de aquellos que nos precedieron. Este es el principio en el que se basan muchos de los inventos e innovaciones culturales y técnicos.

Para el profesor Vilayanur Ramachandran, un neurólogo e investigador del cerebro de fama mundial, que trabaja para la Universidad de California, el sistema de las neuronas espejo es lo que hace que el ser humano sea un ser humano. Ramachandran es conocido por su capacidad para ilustrar de forma sorprendente las complejas relaciones neuronales.

Por ejemplo, a las neuronas espejo las denomina neuronas Dalai Lama, porque sólo gracias a ellas somos capaces de eliminar la barrera que separa el tú del yo.

Todo el misticismo de Oriente Medio y las Doctrinas existentes hasta la inquisición se basaban en el reconocimiento de que el ser humano no se diferencia fundamentalmente de los otros seres humanos. La religión, la ética, la cultura y la moral, todos estos fenómenos se basan en la existencia de las neuronas espejo.

 

Las neuronas espejo y la inteligencia emocional

El aprendizaje óptimo tiene como requisito que se entrene para lograr el resultado deseado. Y el aprendizaje óptimo requiere, que tenga lugar de manera lúdica, es decir, sin consecuencias negativas ni sanciones. Y ya que estamos profundizando en el tema, recordemos también otra condición sumamente importante a la hora de aprender: Las neuronas espejo

Todavía encontramos muchos padres que pretenden educar a sus hijos con instrucciones como las siguientes:

“Siéntate recto, no te muevas tanto de aquí para allá”. O, tal vez: “Cierra el pico cuando yo esté hablando”.

En estos casos las neuronas de nuestros hijos también aprenden. Lo que pasa es que los niños no aprenden a sentarse bien o a callarse cuando los padres hablan. Lo que aprenden es que los padres regañan. Y estos niños serán, de mayores, aquellos que igual que sus padres, también regañen a sus hijos o discutan con otras personas.

Las neuronas de los niños, así como las de los adultos, no aprenden con sermones o con normas, sino exclusivamente con ejemplos y modelos a seguir. Esto lleva consigo, que haya neuronas que estén especializadas en copiar los comportamientos de otras, que los imiten o reflejen.

Éstas neuronas se llaman por ello, neuronas espejo. Lo que las neuronas necesitan es, por consiguiente, ejemplares positivos a seguir y cuantos más sean y más frecuentemente aparezcan, mejor.

La reglas que resulten de estos se dan por si mismas. Así como ustedes aprendieron en su día a hablar, nuestro completo sistema de aprendizaje lo hemos aprendido prácticamente por imitación. O, ¿acaso recuerdan que alguien le durmiera leyéndole las reglas gramaticales de su lengua materna?

En este sentido, el término “función del modelo o ejemplar a seguir” toma un enfoque completamente nuevo. Nuestro cerebro tiene la capacidad de adaptarse a las circunstancias, al disponer de un inmenso potencial de plasticidad.

 

Resumamos los requisitos básicos para un aprendizaje óptimo:

El aprendizaje debe realizarse de manera lenta y paso a paso, para que el peso de la sinapsis pueda regularse al resultado deseado y que las capacidades inherentes a lo aprendido en los casos concretos pueda transportarse a otras situaciones similares.

El aprendizaje debe tener lugar de manera lúdica, para que las relaciones entre las neuronas de entrada y las de salida se fortalezcan y este entrenamiento ha de estar exento de sanciones o de posibles consecuencias negativas.

El aprendizaje se lleva a cabo por imitación de modelos a seguir y no por sermones. Para ello tenemos unas neuronas especializadas en copiar y reproducir los comportamientos de otros.

Una vez cumplidos estos requisitos, el aprendizaje a nuestras neuronas les resultará divertido, no las costará tanto esfuerzo y además nos estarán premiando cuando lo hagamos así.

Imaginemos que alguien nos sonríe. ¿Cómo reaccionaremos? Normalmente, con otra sonrisa. Y ahora imaginemos por un momento que vemos a alguien bostezar. ¿Qué haremos ahora? Comenzaremos también a bostezar.

Y ¿qué pasará si vemos a alguien cortándose un dedo con un cuchillo? Seguro que enseguida sentimos el dolor que esto supone.

Estos tres ejemplos, que hemos mostrado ante nuestros ojos son la prueba de que tenemos neuronas espejo, como hemos mencionado anteriormente. Eran las neuronas, que se habían especializado en copiar y reproducir los comportamientos de otros. Pero estas neuronas espejo son capaces de mucho más.

Las neuronas espejo son el centro de nuestra inteligencia emocional. Por un lado estas neuronas son células cerebrales como las demás que a través del procesamiento de las señales regulan, por ejemplo, nuestras acciones y nuestro estado emocional.

Por otro lado éstas últimas se activan también con la mera observación de otro ser humano. En otras palabras: En nuestro cerebro, tiene lugar una especie de programa de simulación que se ocupa de que hagamos o sintamos lo mismo que siente o hace la persona que observamos.

Si alguien nos sonríe, respondemos sonriendo.

Si alguien bosteza, bostezamos nosotros también.

Y si alguien sufre dolores, sufrimos igualmente el dolor que esta persona padezca.

El trasfondo de todo esto es, que en nuestro cerebro se activan las mismas neuronas que cuando somos nosotros mismos los que sufrimos realmente el dolor.

Si alguien se hace un corte en un dedo, se podría medir exactamente en ese momento qué áreas del cerebro se activan. Y si estamos en ese momento de observadores, los resultados al medir la actividad de nuestro cerebro serían muy similares.

Lo mismo ocurre, por cierto, con el resto de emociones, como, por ejemplo, el miedo o la tristeza. Si vemos que alguien tiene miedo también sentiremos miedo.

Y si alguien está triste, también nos pondremos algo tristes. Y, por supuesto, también sucede lo mismo con emociones de alegría y de buen humor.

También en estos casos se activan las neuronas como si nosotros mismos viviéramos estas emociones. Para expresarlo de otro modo: Sentimos empatía, y con ello compasión.

“Pero, tener compasión es algo muy subjetivo”, podemos pensar.

No necesariamente. Depende en gran medida, de cómo esté regulada el peso de la sinapsis de nuestras neuronas espejo.

Si, por ejemplo, de niños sufrimos la experiencia de que nadie tenga en cuenta nuestras emociones, entonces surgirá una debilidad en su peso sináptico.

Esto llevará a que determinados umbrales de estimulación no se sobrepasen y las neuronas no continúen transmitiendo las señales.

Como se suele decir: “Use it or lose it”.

Cuanto más cariño se nos haya mostrado de niños, mejor podremos comprender los sentimientos de otras personas. Nuestras neuronas espejo no sólo son el centro de nuestra inteligencia emocional, sino además la base del entendimiento a nivel emocional y de nuestras relaciones con los demás.

Nuestras neuronas espejo disponen además de otras características de gran interés. Nuestras neuronas espejo son una especie de videntes.

Este es el caso, por ejemplo, cuando vamos caminando por una calle comercial, nos vienen en sentido contrario cientos de personas y sin embargo, no nos chocamos con ellas. Incluso aunque las personas caminen o anden rápido en diferentes direcciones.

Nuestras neuronas espejo predicen, por así decirlo, en qué dirección van a continuar andando las otras personas y nos mandan las señales adecuadas para esquivarlas a tiempo.

Lo más natural es pensar: “Espera, esto lo hago intuitivamente”.

Pues bien, esta intuición tiene lugar en nuestra cabeza. Y también analizaremos este tema en detalle.

¿Alguna vez ha visto un partido de fútbol en el que tuviera la sensación de que los futbolistas se entienden sin palabras?

A lo que llamamos “entenderse sin palabras” no es otra cosa que la capacidad desarrollada por las neuronas espejo, para predecir los movimientos de los otros jugadores.

¿Se acuerda de cuando conoció a su pareja?

Quizás tuvo en ese momento la sensación de poder entenderse sin necesitar decir nada. También en esa ocasión tuvieron las neuronas espejo suma importancia.

Cuando nos enamoramos las neuronas espejo se activan al máximo. Sin embargo, este entendimiento sin palabras se vuelve con el paso del tiempo cada vez más difícil.

La razón es que a las neuronas espejo les cuesta mucho esfuerzo concentrarse todo el tiempo en este cometido tan unilateral, el de ponerse en el lugar del otro todo el tiempo.

Además las neuronas espejo tienen que rendir en sus otras tareas rutinarias