Todo comenzó con un laboratorio de alta biotecnología

Tan sólo unas horas después de desencadenarse esta reacción, aparecería de forma muy natural, un diminuto y refinado Bio-High-Tech-Labor, laboratorio de alta biotecnología: una célula que había sido fecundada.

Esta célula medía al principio no más de 0’1mm, es decir, no era más grande que un grano de arena. Sin embargo, no exageramos al nombrarlo laboratorio de alta biotecnología.

En este diminuto laboratorio de alta biotecnología empezó todo. El laboratorio contaba desde el principio con las mejores condiciones y tenía ya un gigantesco plan genético en el que estaba detallado todo lo que había de hacerse para que pudiéramos venir a esta vida.

En este óvulo de sólo 0’1mm de tamaño se encontraban codificados 25.000 planos de creación corporal, también llamados genes, en los cuales se describían las indicaciones completas para la producción automatizada de nuestros órganos y partes del cuerpo.

Y, ¿cómo estaban distribuidos estos planos?

Estos planos estaban delicadamente ligados, mediante ácidos, a dos especie de cuerdas entrelazadas entre sí, formando una escalera espiral enroscada y entretejida en sí misma.

Esta escalera espiral es el conocido: ácido desoxirribonucleico, el ADN. Esta escalera espiral se componía de los 25.000 planos de creación, en los cuales se encontraba determinada información como, por ejemplo: el color que tendrían nuestros ojos, la altura que alcanzaríamos o el tamaño y estructura de nuestros músculos y de nuestros huesos.

También estaba determinado qué órganos habrían de producirse y de qué otras características dispondríamos en un futuro. Todo estaba descrito en detalle en estos 25.000 planos de creación. Y como estos planos de creación corporal estaban codificados, lo primero que debía hacerse era descodificarlos y descifrar su información.

Este trabajo lo tomarían los ribosomas, pequeños trabajadores, por así decirlo, que crean una enorme cantidad de tipos de proteínas, pues casi todas las partes de nuestro cuerpo están formadas o bien exclusivamente por diversos tipos de proteínas o al menos por algunas de éstas.

Por tanto, los ribosomas tomaron el encargo de descifrar los códigos contenidos en estos 25.000 planos de creación corporal genética.

En total se trataba de unos 3’2 mil millones de símbolos que debían ser descifrados. Si se pudieran colocar todos estos 3’2 mil millones de códigos uno detrás de otro, darían como resultado miles de miles de libros.

A partir de estos datos salió la idea, en su día, de que estábamos completamente preprogramados y de que no podíamos cambiar nuestro destino o nuestro carácter. Sin embargo, ¡nada más lejos de la realidad!

Sí que es cierto que algunos patrones como el color de ojos o nuestra estatura está preprogramado, sin embargo, la mayoría de los otros planos de creación los podemos cambiar y adaptar durante toda nuestra vida.

Incluso los códigos fijos de enfermedades hereditarias se pueden activar o desactivar con nuestra alimentación y modo de vida.

También podemos influir de manera determinante en el desarrollo de nuestra personalidad, en el grado de inteligencia, en la calidad de los rasgos de nuestro carácter y en muchas otras características.

Por el momento habíamos quedado en el óvulo con los más de 25.000 planos de creación genéticos y más de 3’2 mil millones de códigos en clave que habrían de ser descifrados por los ribosomas, es decir, por los productores de proteínas.

Cuando éstos empezaron con la producción, lo que ocurrió fue que el espacio se les hizo muy pequeño. Así que hubo que crear nuevos laboratorios de alta biotecnología.

Pasados tan sólo 5 días ya teníamos 100 laboratorios perfectamente equipados, recibiendo cada uno de éstos una copia exacta de todos los planos de creación genética programados.

En este momento no éramos más que un montoncito de células cuyo tamaño no superaba un cuarto de milímetro. Unas semanas después, en la tercera semana después de haber tenido lugar este proceso de reacción en cadena, se empezarían otras dos grandes obras.